Mariano despierta y sin pensarlo asiente, es 24 de noviembre, hoy cumple 25 años. 25 largos anuarios de los cuales no quiere o no cree necesario tomarle importancia en demasía.
Y bueno, ya la independencia tocó fuerte en su madurez, la adolescencia y todo el trajinar universitario ya mellaron lo suficiente en él. Hoy tendrá que salir con Roxana, su enamorada, cosa que en cierto modo detesta pues, no aguanta un segundo más de saturadísima caminata consumista de su -hasta donde él cree- eventual pareja.
Sus compañeros de trabajo casi y lo animaron para organizar algo esta noche. Pero no, Mariano mintió diciendo que pasaría toda la noche junto a Roxana y en una caserísima reunión familiar, ganzada al fin y al cabo a la que sus animosos colegas no asistirían del todo gustosos. Mariano no habla con su madre hace 4 años, desde que decidió tirarle un portazo a esa larga relación. Al enviudar su madre, él quedó a cargo de todo lo que concerniese a dinero en casa. Más que la responsabilidad que debía asumir ahora en lo monetario, los controles y la excesiva presión que su madre nunca aplacó lo llevaron al extremo, que de una buena tarde de otoño le dijese "No te soporto más, si quieres dejo de estorbarte y me largo a vivir a otro lado".
Ya es la medianoche, ha dejado a Roxana en su casa y ha decidido pasar la noche solo; como si hubiese sido un día más, ni siquiera uno de los buenos en que todo acción va más que bien acompañada de una sonrisa, sino de aquellos en que sólo vivimos por cumplir. Ha encendido el estéreo y ha puesto Charly García. Ama escuchar a Charly, de hecho ha amado sus canciones incluso antes de tener uso de razón. Coge una cerveza de la nevera y se sienta en su sillón. La luna esta llena hoy, incluso pueden verse claramente sus cráteres. Mariano siempre había pensado que vivir allá sería fantástico, incluso de niño pensaba que a quienes llamaban lunáticos eran quienes venían del misterioso astro y que de hecho habrían de ser más felices que nosotros los habitantes terrestres.
A propósito de ello, recuerda con mucho aprecio sus primeros años. Aquellos en donde cada evento nunca estaba exento de magia, de ganas de vivir y no de abúlicos compromisos. El amor era algo inexplorado pero fervorosamente dulce para él. Nunca supo más de Morelia, aquella niña rubilinda y casi extraída de un cuento de hadas, él todavía estaba por iniciar el colegio, pero ella -2 años mayor que él- andaba presurosa, distraída pero en un inmenso derroche de ternura rumbo a su segundo grado. Aunque le parezca hasta en este momento ilógico nunca pudo ni quiso hablarle, quizá la timidez y la sobreprotección de su madre ya se iban revelando como sus más empecinados cancerberos.
Un año antes de empezar el colegio, su padre recibió una llamada de trabajo: lo trasladarían a la Argentina y sería por un par de años. Sin dudarlo, aceptó la propuesta.
El 28 de mayo Mariano tomaría el primer vuelo que le cambiaría la vida: Buenos Aires.
Ya en Argentina se hospedaron unos días en un céntrico hotel hasta que la empresa pudiera establecerlos del todo. La madre de Mariano, muy arraigada en sus costumbres católicas, no dudó un segundo en el colegio donde debía estudiar su hijo. San Pedro Nolasco, era el nombre del nuevo colegio de Mariano. Se trataba de un parroquial, el barroco de sus estructuras terminó por seducir el gusto de su madre. Hace 2 días que habían arribado a la ciudad bonaerense y ya el lunes Mariano tendría su primer día de clases. Detestó a su madre, no permitió siquiera que se estableciesen con total comodidad. Pero en fin, eran los preceptos de mamá "un niño que se considerase de un hogar católico no podía jamás dejar de estudiar y menos aún sin el entorno religioso acorde a su fe". Mariano sentía las palabras de mamá en el fondo de su mente y eso lograba que la odiase más aunque tras algunos minutos todo esté en calma de nuevo.
En el San Nolasco lejos de encontrar los chicos nerds que imaginó, conoció y se hizo pronto amigo de Fabricio y Sergio, dos clásicos pibes pícaros de actitudes disfrazadas en la inocencia y pensamientos que podían notarse sólo en la mirada. "Che, el viernes hay una fiesta en la casa de Fabri, tenés que estar ahí, no sabés la piba que vas a conocer. Está rebuena Clarisa".
El viernes Mariano no encontraba la mejor excusa para poder salir. Ya llevaba 2 meses en Buenos Aires y, aunque no del todo, conocía la ciudad.
-"Mami, un amigo del colegio me ha invitado a una pijamada, ¿me dejas ir?
-¿Cuál amigo?. ¿Lo conozco?.
-No mami, se llama Diego Alfaro -mintió Mariano-, vive aquí nomás en la avenida Santa Fe.
-Entonces te llevo.
-No no mamá, no seas así por favor, qué irán a decir si me ven de la manito con la mamita. No hagas que me avergüence por favor.
-¿Pero qué tiene de malo?. Un hijo jamás debe avergonzarse de estar junto a su madre, al contrario de...
-Mamá ya pues, se me hace retarde.
-Ya, ya esta bien pero te me vas en un taxi.
-Ya está bien.
Apurado pero sin alterarse, Mariano se alistó. Era la ocasión para conocer nueva gente aquí, hoy le presentarían una argentina y por demás está decir que era preciosa, al menos eso le habían adelantado Fabricio y Sergio y el no dudaba de su promesa.
Tomó un taxi fuera de casa siempre con la supervisión de mamá desde el balcón. Le hizo un adiós con la mano y el automóvil partió.
-Se va de fiesta, pibe.
-Sí tío, de unos amigos del colegio.
-¿Tío?, ¿vos no sos de acá?.
-No no, soy peruano.
-¡Ah, mira vos!, peruano, ¿y estudiás aquí en Buenos Aires?.
-Sí, mi papá vino por su trabajo.
-Perú, Perú, ustedes tenían un negro que era un fenómeno, ¿cómo se llamaba?... ¡Ah. Cubillas, Teófilo Cubillas!
-Sí, mi papá me ha hablado mucho de él y lo he visto en algunos videos. A mí me gusta mucho el fútbol argentino, soy hincha de San Lorenzo.
-Y esos, salieron campeones, bien por ellos. Pero no pibe, tenés que ser de Boca, jaja.
Mariano notó la casa de Fabricio, ya había pasado por ahí un día antes y la reconoció de inmediato.
-Aquí nomas tío. ¿Cuánto le debo?
-Son 25 pesos, pibe.
-Gracias.
-De nada, suerte en la fiesta, tratá de tranzarte a una mina, jaja.
Mariano oyó el sonido de la música, sin duda hace mucho había empezado la fiesta. Sintió algo de timidez y prefirió mandar un mensaje de texto a Sergio: "Weon, stoy afuera sal un toke". Poco después salió Sergio sonriente.
-¿Pero que hacés acá boludo?, pasá, la fiesta está hecha un quilombo.
-Dale, vamos.
Entraron, Sergio iba saludando esporádicamente a algunos chicos y chicas de la fiesta. Luego encontraron a Fabricio, Mariano lo saludó y decidieron departir con los amigos de Sergio.
Mariano conoció a varios otros chicos más, amigos del antiguo colegio de Sergio. Alguien, sin embargo, lo llamó poderosamente la atención. Maria Paz había venido sola, no como las demás chicas que sí andaban de novias. Mirada cautivadora, el cabello castaño en franco contraste con el albo de su piel. No era, por demás, una chica por extensión petulante, notablemente ingenua e irresponsable, sólo entrecuzaron algunas palabras y ya Mariano sabía que ella era e iba más allá de simplemente eso.
-Hola, ¿como te llamás?
-Mariano, ¿y tú?
-Yo Maria Paz, pero me dicen
Mapi-¿Mapi?-Jaja, sí, es un diminutivo, me lo dicen desd chiquita. ¿Vos sos amigo de Sergio?
-Sí, estamos en el mismo cole
-Ah dale, qué bueno, por lo que noto en tu acento no sos argentino
-No, soy peruano, vine porque mi papá tenia que trabajar aquí
-Ah ya, entiendo.
Mariano poco a poco la iba conociendo, había descubierto que era la mejor amiga de la hermana de Sergio, que no era de Capital Federal sino rosarina, había perdido muy temprano a su papá y vivía con su mamá y su abuela. Él le contó lo suyo, que no tenía mucho tiempo allí, que extrañaba Lima pero sentía cómodo en Buenos Aires. Así, durante largo rato, entre preguntas absurdas y respuestas cargadas de simpatía, Mariano casi sin saberlo conocía un ángel.
Mariano tuvo que quedarse a dormir en casa de Sergio pues le había dicho a mamá que iría a una pijamada. Fue una noche corta y muy sentida, no había dejado de pensar en ella ni un minuto. Cuando Maria Paz se fue de la fiesta tuvo que acompañar a unas amigas. Mariano se hubiese sentido incómodo alrededor de todas esas niñas contando sobre el chico lindo que habían conocido esa noche, de los que las habían sacado a bailar, "
viste cómo le quedaba el vestido a Paula, qué mina para más fea y antipática". En fin, Mariano ya tenía motivos por los que sonreír,
Mapi le había dejado su número y le dijo que había sido muy bonito conocerlo, que le encantaría que un día de estos la llamase. Nunca tanta madurez y ternura juntas con tanta armonía, nunca tanto garbo y misterio grabadas en palabras.