
Hay días como hoy en los que pocos entienden el descontrol. El querer gritar y quedarse callado por educación. El querer escupirle en la cara a los hipócritas y evitarlo por principios. El no decir las palabras exactas para no herir a nadie, para no aburrir. Ese descontrol que alcanzamos cuando le encendemos todo el volumen a los audífonos y queremos correr sin meta fija. Ese descontrol de cuando nos zamaqueamos cuando no estamos marcados por un compromiso y el vivir es la razón natural. Hoy tenía ese descontrol, pero en la calle todo seguía igual.

