Claudia

Yo no sé que me enamoró de ti. De veras no sé. Y perdona si te ofende el desconocer el origen de tamaño sentimiento. Pero la verdad no aún no tengo claro si fueron esos ojos que tan bien heredaste; si fue esa sonrisa llena de emoción y pubertad que aún conservas intacta; si quizá me ataron a ti tus palabras, tu sintonía gramatical con mis enredadas pronunciaciones; si es que tu inestabilidad me sabía tan interesante cuando tantas veces había creído aborrecerla. De verdad, lo siento tanto, pero no sé entre tantas cosas maravillosas que hasta esta noche no tan favorable puedo sentir, cuál fue la que a ciencia cierta me enamoró.

Ahora rescaté esta foto tuya. Sí, la primera que me mandaste entre tantas otras que, en conjunto, eran el segundo regalo consecutivo que recibía tras conocerte. Tal vez resulte tonto, ridículo, pero gracias. Gracias por haber elegido, espero al azar e inconcientemente, esa foto como la primera de todas. La primera que pude tener en mi memoria y la que, estoy seguro, no extraviaré jamás.

Gracias por elegir esa. La recortaste, solo eras importante tú, la más bonita, la menos alaracosa pero la más resaltante. Eras tan bonita sin esforzarte bajo ese desabrido uniforme de educación física, que imaginarte vestida en tu real condición de princesa ya me ponía nervioso.

Gracias por elegir esa y recordarme que siempre serás la misma chica de quinto que apostaba sus sentimientos en una gran mesa donde otros sabían jugar mejor. Gracias por decirme cada vez que la vea que nunca debo dejarte sola, que si me das la dicha de seguir junto a ti debo acompañarte hasta el último momento; que debo ser realmente el compañero que tanto necesitas.

Gracias por elegir esa y sonreírme eternamente. Gracias porque si mañana te fueras y yo no pudiera hacerte sonreír con alguna de mis tonterías, al menos pueda contemplar tu sonrisa eterna en lo poco que mis ojos nublados de lágrimas lo permitiesen.

Gracias por elegir esa y hacerme caer siempre en que esa chica hermosa está aún a mi lado, que el tiempo corre y no da treguas, que no podré arrepentirme de no haberte amado.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Teamo.