Julián anda solo, nadie a su alrededor lo observa, ni siquiera los ladronzuelos que supuso encontrar en el camino lo esperan a la búsqueda de alguna ganancia malhabida. De un momento a otro no le parece extraño andar caminando solo a esas horas de la tarde en aquellas calles cercanas a la orilla marina.
El frio de la brisa marina lo obliga a cerrar su casaca. Un buen café caliente no le vendría nada mal, por lo que decide volver a casa y beber una buena taza de cafe en el camino. Poco antes de su casa estaba el local de Manolo, un viejo amigo de su padre, a donde había ido desde niño. Algo muy extraño sucedía, el porton de metal estaba corrido, Manolo había cerrado inexplicablemente. Bueno, no importa, tal vez enfermó o tuvo alguna urgencia.
Resignado, Julián se prepara el mismo en casa el café que había planeado tomar. Prende el televisor y decide ver una película. Siempre pensó que los canales nacionales erán estúpidos y que se aburriría facilmente con la inventiva de la producción local. Estaban dando una película muy buena en el cable: "Millón de guerras", un sobreviviente de Vietnam trata de volver a su país tras queda varado en aquel lugar. No pasó largo rato para que Julián se quedase profundamente dormido, no había nada que hacer por la tarde y el vivir solo le daba libertades que en otras circunstancias no tendría.
Ya muy entrada la noche despierta, su estomago cruje, no es muy difícil para él saber que tiene mucha hambre. Piensa en ordenar una pizza, marca el teléfono del delivery. ¿Qué está pasando?, no hay línea en el teléfono. Pero si recuerda haber pagado hace dos días el último recibo.La insoportable lluvia y el frio lo hacen desistir de algun intento por salir. Muy enojado, decide calentar un pollo que guarda en el refrigerador, mañana mismo iría a reclamarle a los tipos de la compañía telefónica. Qué se habrán creído esos tipos.
Al día siguiente, muy cercano el mediodía Julián va rumbo a la compañía, la comida de ayer le cayó pésima, por lo que no puede soportar la rabia por la indigestión que derivó de la ineficiencia de la companía.
Las cosas parecían no cambiar, no había ningun bus en la avenida. Pero estaba tan furioso que ni siquiera aquello lo inquietaba. Decidido a hacerse respetar, no dudo un segundo en ir a pie, al fin y al cabo no estaba tan lejos, y aunque lo estuviese no lo pensaría dos veces tampoco.
No lo podía creer. ¿Por qué habrían de cerrar la compañía?, era jueves, un día laborable como cualquiera, no había festividad alguna, ni siquiera era feriado. Todo esto se ponía tan extraño que juraría que si alguien no se lo explica se volvería absolutamente loco. Ni siquiera eso, no encontraba rasto de persona alguna. Totalmente fuera de sí salió corriendo de allí, recorrió calles, avenidas, llegó a la plaza principal. No había una sola persona en la plaza.
LLegó a casa, no sentía cansancio por correr, eso ahora era lo de menos. Sentía angustia, el sudor recorría su frente, sus ojos estaban paralizados, sus manos estaban totalmente heladas. Prendió el televisor, lo que vio lo puso aún más nervioso. No había señal de televisión en ninguna estación. Pensó en alucinaciones, tal vez sea una de las repercusiones de la indigestión. Solo algo podía sacarlo perfectamente de dudas, iría a casa de sus padres.
Al llegar ya casi no le pareció extraño, no había nadie en casa. Tomó el auto de papá, al fin y al cabo nunca supo que el llevaba una copia de la llave, además una situación como ésta no ameritaba mayores explicaciones. Subió y pisó el acelerador lo más fuerte que pudo. Se trasladó por cualquier lugar, el sitio no importaba, solo quería encontrar a alguien. Estaba seguro que cuando encontrase a alguien despertaría y se daría cuenta que estaba en su cama, que todo fue un mal sueño y que la pesadilla no es real ni lo será.
Julián, ya no puede, la paranoia no es algo tan lejano en él, jamás penso que un día cualquiera fuese el día del caos, de lo inexplicable, de lo que el imaginaba ver en personas enigmáticas y lejanas a su medio. Piensa y piensa, no sabe por donde va, solo espera que todo esto acabe, que sea lo más pronto posible. No es tan pronta; sin embargo, su reacción, la pista termina aquí, conductor, ¿a dónde más piensas ir?, ¿pensaste voltear?. Ya es muy tarde, has traspasado junto tu carrocería el cerco, estas en caída libre. Bienvenido al mundo de la muerte, aquí nada importa lo inexplicable, aquí nada importa tu desesperación.
Al día siguiente, Manolo abrió muy temprano, de seguro muchos clientes llegarían hoy viernes...

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