He decidido dejar apoyar expresamente a la selección…

Y no es que peque de exigente con el equipo de ‘Chemo’, que ha levantado lo suficiente luego de un par de goleadas, que ya es bastante.
Lo que pasa es que me encuentro en una disertación sobre mi la relación o no con el momento de Perú.
Aunque las razones para el historial negativo del fútbol peruano en los últimos veinte años estén más claras que las jóvenes canas del querido Manuel de San Luis, me he sentido durante estos inefables 19 años de mi vida como la ‘mufa’ de la selección.
Cada vez que he seguido a Perú por tele prefiero hacerlo en soledad, de pie, con el control remoto en la mano y desplegando las más inexplicablemente ridículas posiciones cabalísticas. Sí, sí, esas como la de pararse en un pie y pisar un par de escupitajos imaginarios en una jugada de riesgo en área nacional. He sentido que mis dotes de azarista barato estorban más que contribuyen al acciones de los once nuestros.
Además, y como colofón, quiero decir que renuncio porque me siento tranquilo tras el partido en que traté de no creer en Perú. En este país donde no existe la palabra imposible y todo puede pasar, es cuando más escéptica se muestra la mayoría se consiguen resultados como ante Argentina. Es más, lo bueno de renunciar es que los jugadores me dedican los triunfos y empates importantes (“Esto es para los que no creyeron en nosotros”).
Bueno, esto lo dije un poco en broma un poco en serio. Hay explicaciones enteramente racionales para la actual levantada peruana. Total, al final todos vamos a terminar renunciando menos Burga.
Yo renuncio, al menos hasta el partido de octubre en La Paz.
Y no es que peque de exigente con el equipo de ‘Chemo’, que ha levantado lo suficiente luego de un par de goleadas, que ya es bastante.
Lo que pasa es que me encuentro en una disertación sobre mi la relación o no con el momento de Perú.
Aunque las razones para el historial negativo del fútbol peruano en los últimos veinte años estén más claras que las jóvenes canas del querido Manuel de San Luis, me he sentido durante estos inefables 19 años de mi vida como la ‘mufa’ de la selección.
Cada vez que he seguido a Perú por tele prefiero hacerlo en soledad, de pie, con el control remoto en la mano y desplegando las más inexplicablemente ridículas posiciones cabalísticas. Sí, sí, esas como la de pararse en un pie y pisar un par de escupitajos imaginarios en una jugada de riesgo en área nacional. He sentido que mis dotes de azarista barato estorban más que contribuyen al acciones de los once nuestros.
Además, y como colofón, quiero decir que renuncio porque me siento tranquilo tras el partido en que traté de no creer en Perú. En este país donde no existe la palabra imposible y todo puede pasar, es cuando más escéptica se muestra la mayoría se consiguen resultados como ante Argentina. Es más, lo bueno de renunciar es que los jugadores me dedican los triunfos y empates importantes (“Esto es para los que no creyeron en nosotros”).
Bueno, esto lo dije un poco en broma un poco en serio. Hay explicaciones enteramente racionales para la actual levantada peruana. Total, al final todos vamos a terminar renunciando menos Burga.
Yo renuncio, al menos hasta el partido de octubre en La Paz.
… No me culpen, nunca he visto a mi selección en un Mundial.

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