El viaje


Gonzalo cruza corriendo la San Borja Norte para que no lo arrolle una furiosa Suzuki. Quería y no quería, pero tenía que verla. Está yendo a la casa de Gabriela, a verla por última vez. Mañana se va a Argentina y ella no lo sabe. No quiso decírselo en todo este tiempo, ya no recuerda por qué. Hunde las zapatillas en el césped y lo nota muy humedecido. Regala tres putamadre a la tarde y decide continuar. ¿Cómo se lo dice? ¿Qué clase de enamorado le dice a la suya que en siete horas parte a Buenos Aires? ¿No habrá sido una mala idea? Igual ella va a creer, de una u otra manera, que es una maricón, un cobarde, sencillamente una mierda. ¿Quién abrirá la puerta? ¿Saldrá su mamá a decir que ella no está y lo obligará a acompañarla y comer galletas mal horneadas? ¿O saldrá la abuela, para repetirle mil veces que es Gonzalo y no su sobrino perdido, Coki?

Saca el celular y lo pone en privado. Va a llamar a Gabriela para asegurarse que está en casa. Siempre que ella llega a casa lo apaga porque luego detesta estar buscándolo cuando suena. Marca… la señal es un desastre y no entra. Vuelve a marcar. “Este es un mensaje de Claro…”. La putamadre, si está. Te jodiste, Gonzalito. Arranca una flor de un jardín cercano y la empieza a deshojar. La deshoja con vileza, con rencor. ¿Qué mierda estás haciendo? “Calle Pirandello”. Ahora está a cincuenta metros de ver como el rostro más alegre y amoroso del mundo se transforma en microsegundos.

- Me voy de viaje - le dice mucho antes de saludarla
- Hola… ¿Sí? ¿A dónde? ¿Cuándo? - ella sonríe y eso lo pone más nervioso
- Más tarde, en siete horas - conchasumadre, ¿y ahora?
- Ya pues, en serio. ¿Cuándo? ¿a dónde?
- En siete horas. Me voy a Buenos Aires
- Ya, ya, no me da risa. ¿Por qué dices eso?
- ¿Cómo que por qué? Porque me voy pues, solo venía a avisarte - ahora era cuando
- ¿Qué? ¿Me estás hablando en serio? ¿Eres imbécil o qué? ¿Cómo te vas a ir?
- Perdoname, es que…
- Es que nada, carajo. ¿Qué mierda te pasa? ¿Cómo es eso que te largas en siete horas y me avisas ahora? ¿Estás loco o qué te pasa? No, no, esto tiene que ser una broma; una broma bastante cojuda, por cierto - ahora se había quebrado, ya la ‘broma’ iba quedando atrás
- No, no es una broma. En siete horas sale mi vuelo.
- Vete a la mierda - intentó darle una bofetada y se contuvo, como que no valía la pena, y le cerró la reja sin cuidado. Le aplastó el meñique, comenzó a sangrar. Gonzalo no se dio cuenta.

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