¿Vos sabés?


Y ahora se me ha ocurrido escribirte, aunque sepa que me has borrado de tu vida, y de tu messenger. Se me ocurre porque hace mucho lo necesitaba y porque curioseando en mis recientes noches de insomnio se me ocurrió escuchar a todo volumen esta canción. Esta canción que me hace recordarte y lo sabes -bueno, ya no creo que lo recuerdes- porque un día te lo dije. “Esa canción es rezarpada”, me dijiste, cuando no entendía muy bien que significaba eso.

Pero prefiero recordarte así, sonriente, aunque a veces presionada a serlo. Rebelde y sigilosa, sensible y amorosa. Así te voy a pensar hoy porque no cabe más. Porque no cabe pensar en el capítulo final de una historia con un desarrollo tan feliz, tan tontamente dulce, o dulcemente tonto, tómalo como prefieras.

Porque prefiero recordar las noches extremas que jamás pensé vivir y sentir la seguridad invaginada con alguien aparentemente frágil. Porque tu alma noventera entendió las ansias de vivir al estilo que hoy pocos entienden, porque probaste ese poco de mí que te hizo no sentirte tan lejana en cualquier beso.

Y no te voy a culpar, no te voy a juzgar con palabra alguna porque no da, porque no es momento para eso. Es tiempo de pensar en nuevas cosas, de tener nuevas metas y morir en ellas; de morir en la tuya como me enseñaste, pero de enfrentarse al mundo si te quiere aplastar.

No voy a romper tu carta escondida en la inocente tapa de una película en DVD. No he tenido, no tengo, ni tendré el valor para hacerlo. Me pediste que no lo hiciera cuando amenacé con destruirla y estoy seguro que cumpliré tu pedido. Yo sé que hiciste bien, que yo no te ofrecía nada y era como lanzarte a un abismo sin saber contra qué te ibas a estrellar. Allá no tenías mucho, pero tenías. Aquí no eras nadie, nada, aunque lo fueses todo para mí.

Y si algún día te aburriste de mi absurdo rencor, te entiendo. Si hoy no quieres saber nada de mí y si acaso recuerdas mi nombre, está bien, no te volveré a llamar a casa. No te voy a llamar siquiera al celular si es que lo consigo. Sé que con él te florecieron las ilusiones que nosotros compartíamos como alguien que alucina un poco embriagado. Con él te casarás, formarás la familia que siempre quisiste y, si es buen tipo, te dejará ser la mejor profesora de inicial del mundo entero.

No quiero que me recuerdes ahora, tampoco en el futuro si logro ser alguien importante o reconocido. Solo quiero que estés bien, te prometo que cuidaré tu carta como lo hubiera hecho de ti y cuando deje de ser un niño y ande de copas en serio le hablaré a todos bien de ti. Aunque hoy, contradiciendo la canción, sí tenga tu número pero no quiera encontrarte.


0 comentarios: